Nada mejor para llegar a una situación embarazosa que presumir de lo que eres y luego tener la oportunidad de “demostrarlo”.
Conoces a una pibaza (El motivo es siempre el mismo) le gusta el cine español. No tienes que mentir, basta con adaptar de la realidad. (Y apagar la espada de luz):
- Yo amo el cine español. Me puedo pasar las horas muertas viendo una peli española. (aparte) Bueno, más que muertas, dormidas. Esos grandes directores como el de (Gesto de los ojos uno para lado) eso, Trueba. ¡Coño! y Torrente. Qué pasa chavalotes, je, je. Es de mi barrio. (Con decepción) ¿Que ese no vale?. Bueno, por eso me sale tan mal imitarlo. Y a Carabanchel voy de visita.
Y si le gustan... los toros. (Jodé, podían gustarle la pibaza de junio el play-boy, que eso si lo tengo chupado. Bueno no. Pero me gustaría).
Yo amo los toros. Los adoro, los idolatro y los venero. por este orden. Yo... vamos, soy torero. Para matarlos. No, de verdad, soy torero. Me llaman Carlos Ramos, el niño del... Torrente... de Ramos... de Flores. El Niño del Torrente de Ramos de Flores. Poeta también soy. ¿Qué no te gusta la poesía? Mariconadas. No se me conoce mucho, porque una cosa te voy a decir. Eso del toreo es como todo, una mafia. Pero tengo un casa un cartel de Las Ventas que dice: Enrique Ponce, Carlos Ramos y puyorneimjir... Put Your name here.
Ese fin de semana estaba en una capea de vaquillas con la chica a mi lado. Salgo al ruedo. Yo allí aguantando dispuesto a todo. Doy un paso adelante (antes de que salga la vaquilla, claro) Un silencio. Se oye el viento soplar. Pasa la bola esa del oeste, que es una imagen de archivo Y de repente sale la “supuesta” vaquilla.
Cuidado, que se han equivocado, ha salido una furgoneta, cuidado, salgan todos, no les atropelle. Dios, como corre. ¿Qué eso es la vaquilla? (Temblando) ¿Todo eso? Si lleva el cartel de Vehiculo Longo. ¿Oye, y tú porque le haces así a la vaquilla? Ah, porque esto es el burladero.
Que sí, claro que he toreado, pero en mi pueblo la vaquilla era diferente. Sólo embestía a los filetes y al gato (Sin decir nada, burlandose)“Eh, eh, tobi, tobi”. Era un poco más cornicorta que esta. Los cuernos eran rojos, que se encienden uno sí, uno no, uno sí y sujetos con una diadema. Ahí me ponía yo a saludar al tendido. El tendido era mi amigo Lucas, que se levantaba, me daba la mano y nos íbamos los dos a tomar cañas.